Vuelta a Cuba en 10 días: Excursión a Viñales desde La Habana

por Cristina Vara

Cuando sonó el despertador no sabíamos si las vacaciones se habían acabado, si nos habíamos teletransportado a Madrid o dónde estábamos. Y es que el viaje de La Habana a Viñales en coche tiene un paseíto: unos 180 km aproximadamente, que en tiempo, por las carreteras del norte de Cuba se traducen en casi 3 horas de viaje. ¡Comenzamos nuestra excursión a Viñales!

A las 07.00 estábamos en la puerta del hotel preparados para comenzar un día en el que haríamos ruta de senderismo por el Valle de Viñales, descubriríamos el proceso de creación de los conocidos habanos y montaríamos a caballo, pasando por una finca ecológica en la que pararíamos al mediodía para comer.

Cómo llegar a Viñales

Nuestro recorrido lo hicimos en taxi, pero para llegar a Viñales tenéis dos opciones más: hacer el viaje en un coche cubano compartido o en autobús a través de la empresa Viazul. En estos dos casos vuestro viaje dependerá de si hay plazas disponibles en el autobús (pocas veces permite la compra online) y si encontráis un coche cubano que vaya para allá (en este caso tenéis que ser de 2-3 personas máximo). El precio en bus ida y vuelta es de 24 USD y la duración del viaje casi 4 horas.

Podéis probar suerte y viajar en coche compartido: seguir la tradición cubana y salir a las afueras de la ciudad para colocaros debajo de los puentes que se encuentran a la salida y hacer autostop hasta que algún vehículo pare

Podréis comprobar que casi hay más gente allí que en las propias paradas del autobús y es que ¡¡los buses van llenos!! Muchos de ellos, incluso, con las puertas abiertas por medio de la autovía para que pueda caber alguna persona más. ¿Solución? Estar en un lugar por el que pasen todos los coches y que sea camino de tu destino protegiéndote del sol.

La última opción para compartir coche es que o estéis alojados en una casa y lo comentéis con vuestros anfitriones para que os ayuden a encontrar el vehículo o preguntar en el mismo hotel, ya que puede haber otra persona u otras dos con las que podáis compartir el camino y, además de intercambiar impresiones y cosas que hacer por el país hagáis el viaje os salga un poquito más económico.

Por la mañana

Cuando llegamos a Viñales recogimos a Alberto en el pueblo para que nuestra primera parada fuera el Valle de Viñales.

Si no os decimos que estamos en Cuba podríais pensar que es Asturias o cualquier otro paisaje del norte, salvo por el calor, ¡¡pensábamos que nos derretíamos!!. Ya habréis visto que en la mayoría de las fotos llevo el pelo suelto porque no me gusta tenerlo recogido, pero aquí fue imposible. Fue por eso por lo que la caminata duró finalmente algo menos de dos horitas.

Imprescindible ir con botella de agua en mano y echarse crema solar

Durante el recorrido Alberto nos explicó cómo los árboles de los plátanos se aprovechan al completo: desde el fruto que se come hasta las hojas secas y corteza que se utilizan en el proceso de elaboración de los habanos. También vimos varias plantaciones de arroz y una plantita muy divertida que al tocarla se cerraba para protegerse. Nuestro paseo matutino terminó en el Muro de la Prehistoria, que tanto por el dibujo como el nombre podéis intuir qué es lo que representa.

¿Veis los colores que tiene? Para que se mantenga así tienen que restaurarlo año a año y, aunque han decidido no borrarlo por la historia que tiene y la cantidad de tiempo que lleva hecho no es algo de lo que los cubanos se sientan muy orgullosos por la contaminación que produce en el lugar.

A media mañana

Después del paseo comenzamos a ver el proceso de fabricación de los habanos. El primer lugar en el que estuvimos fue la sala en la que las mujeres seleccionan las hojas de tabaco y las estiran para poder comenzar a trabajar con ellas.

En la nave solamente hay mujeres porque esta parte del trabajo desde siempre ha sido realizado solamente por madres de familia y chicas jóvenes que lo compaginaban con la familia y los trabajos del hogar. Y así sigue siendo. En este momento se separan las hojas en función de si están rotas, el nervio que tengan y su proceso de secado para más tarde ser empaquetadas.

Más allá del proceso de elaboración de un puro, que puede llevar más de 5 años y es muy interesante, lo que más curioso me pareció fue el lugar del trabajo. En todas las paredes había citas de Fidel Castro, Che Guevara y otros personajes reseñables de la política y gobiernos cubanos.

En esa pequeña oficina que veis hay un horario en el que indica qué se hace a cada hora: Si escuchar la radio o escuchar a la lectura uno de los libros que veis en la mesa (igual que hace unos años en los talleres de costura de España). Todos los libros son acordes a los ideales cubanos y tratan bien sobre temas de la mujer o políticos, de forma que mientras que las mujeres trabajan se las «eduque» con los ideales deseados. Y sí, fue en ese momento en el que de repente pensé que me había trasladado al taller de la serie Velvet o a Amar en tiempos revueltos.

Tras explicarnos cómo se colocan las hojas en función de su estado y ver las funciones de cada una de ellas nos fuimos a la finca ecológica a comer. ¿Adivináis los platos?  Efectivamente: Arroz blanco, frijoles, pollo, cerdo, aguacate, plátanus frito, chips de malanga y, sorprendentemente, atún en escabeche.

Por la tarde

Pusimos el broche a la tarde con un paseo a caballo por el Valle de Viñales (¡¡menudas agujetas en la entrepierna por la noche!!).

Podríamos haber ido a la Cueva del Indio, pero en varios lugares nos contaron que es mucho menos de lo que se pinta (es una cueva a la que entras andando y tienes que salir en barco), por lo que creímos que era un buen momento para montar a caballo por primera vez.

Al terminar la ruta, nos tomamos un auténtico café cubano mientras que un trabajador retirado de una fábrica de puros nos explicó el último paso para hacerlos. Cada propietario de plantación de tabaco tiene la obligación de vender el 90% de lo obtenido al estado, ya que todo el mercado de tabaco está controlado por éste y tienen la posibilidad dev quedarse con el 10% para el consumo propio y venta privada.

Seguro que estáis deseando que os cuente si lo probamos. ¡¡Claro que sí!! No podíamos estar en Cuba e irnos sin probar un auténtico puro habano. Lo primero que debo decir es que yo no fumo y que, por norma general, suelo huir de la gente que va por la calle con un puro porque me parece que huelen fatal y me ahoga. Sin embargo, cuando encendimos este el olor era completamente diferente y el sabor mucho mejor de lo que me esperaba.

¿Sabíais que los cubanos mojan la punta que se mete en la boca en café, ron o miel para evitar que les sepa al propio tabaco y humo la primera calada?

¡Última parada antes de volver a La Habana! (Y esta vez, sin coleta 😉 )

Tras estas maravillosas vistas volvimos a coger el coche de vuelta a La Habana, recorrido en el que nos volvió a caer una tormenta tropical y pinchamos una rueda, así que tuvimos que hacer parada intermedia. ¡Toda una aventura!

La Habana, Viñales… Próxima parada: Cayo Coco (o el paraíso, como queráis llamarlo)

¿Queréis visitar Viñales?

 

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