Robinsones en Camboya (III)

Actualizado el 30 de Marzo de 2015

Tras varios intentos fallidos, con las mochilas a cuestas y a pleno sol de la tarde tropical, encontramos el hotel. Ubicado en la parte del pueblo más cercana al Parque Nacional de Kep, The Boat House no podía presumir de vistas al mar como otros, pero sí de hermosas panorámicas del bosque y de un jardín exuberante y fresco que despertaba cada mañana con trinos impensables en la ciudad.

Un simpático matrimonio franco-jemer regentaba el lugar, y todos los empleados que vimos eran locales. Me gusta saber que cuando viajo el dinero que gasto se queda en el lugar que visito. Que todas esas personas que me acogen desde que llego hasta que me voy reciben no sólo el alboroto de nuevos visitantes cada día, sino también una contribución a mejorar su calidad de vida.

En la habitación, caimos todos fulminados de un ataque de siesta. Despertamos justo a tiempo para dar un paseo por la playa y regalarnos con el mágico atardecer desde el muelle del Club Náutico. Allí descubrimos que las cestas de ratán en las que las pescadoras transportaban los cangrejos por la mañana servían, de noche, como preciosos farolillos para alumbrar caminos, entradas y jardines junto al mar.

Viajes a Camboya | Cestas para la pesca
Cestas para la pesca convertidas en farolillos

Para la cena nos dejamos asesorar por el dueño de un pequeño restaurante del centro, sonriente y negociador, que nos deleitó con una parrillada de pescado magistral. Se alargó la sobremesa entre cervezas y reflexiones sobre lo vivido y lo tremendamente afortunados que nos sentimos. Viajar, conocer, aprender y ser consciente de todo ello. Si algo quedó en el tintero, se lo llevó cada uno a la cama; y tempranito, que a la mañana siguiente tocaba madrugar!

A las siete en punto del domingo, Mr. Chen nos recogió en el hotel para llevarnos al puerto. Allí nos esperaba una colorida barca que nos dejaría en Koh Tonsai, una pequeña isla frente a la costa de Kep, famosa entre los jemeres como escapada de fin de semana. Con una supeficie de a penas 2 km2, aquel encantador pedazo de tierra con cocoteros y cuatro puestos de comida en la playa principal invitaba a jugar a Robinson Crusoe. Marja y yo nos aventuramos a dar la vuelta a la isla mientras Mati desapareció detrás de su cámara.

Viajes a Camboya | La colorida lanzadera Kep-Koh Tonsai
La colorida lanzadera Kep-Koh Tonsai

Tras una hora de camino intermitente entre maleza y rastros de lo que en tiempos del Khmer Rouge fueron centros de rehabilitación para criminales, llegamos a otra playa. Algo dubitatibas sobre la ruta a seguir, celebramos encontrar allí una pequeña cabaña de bambú y hojas de palma, de donde apareció una joven camboyana que nos indicó, mediante signos, el camino correcto. Pero antes de proseguir, parada obligada para disfrutar de las vistas y de la rica agua de coco que la muchacha nos ofreció.

Llegamos al punto de partida a la hora perfecta para comer. Mati, “muy preocupado”, nos esperaba dormitando en su hamaca, colgada entre dos palmeras. Tras elegir uno de los pequeños restaurantes familiares alineados junto al mar, nos regalamos con un sabrosísimo pescado braseado con gengibre y unas gambas a la pimienta de Kampot. Provincia colindante con la de Kep, Kampot es mundialmente reconocida por sus variedades de pimienta. Verde, blanca, roja o negra; en rama, en grano, molida, tierna o secada al sol, cada una se usa en distintas recetas locales y, ciertamente, su sabor da un toque único a la cocina jemer. ¡Bendita gastronomía!

Bungalow en Camboya
Bungalow típico de Camboya

Reposamos el festín al son de las olas y de un grupo de jemeres que chapoteaban animados (y siempre vestidos) en la playa. Otros leían echados en las hamacas mientras los más sibaritas disfrutaban de un típico masaje jemer en las camas instaladas a pocos metros de la orilla. Sólo unos pocos afortunados pasarían la noche en alguno de los encantadores bungalows medio camuflados en el bosque que crece hacia el centro de la isla.

Para nosotros, el tiempo de recreo llegaba a su fin. A media tarde, la barca nos devolvió a tierra firme y un poquito más cerca de la realidad, también. Una nueva semana asomaba por el horizonte y con ella, sin duda, una nueva aventura.

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