Robinsones en Camboya (I)

Tuk tuk Phnom Penh, Camboya

Siempre me ha gustado viajar en avión, y todo lo que ello conlleva. Desde la caza y captura del vuelo más exótico hasta la puerta de embarque en destino. En el aeropuerto, el aire mezclado de aventura, melancolía, besos de última hora, abrazos, reencuentros, maletas, cafés, trajes de chaqueta, botas, chanclas…

Actualizado el 30 de Marzo de 2015 Y todo, bajo la atenta mirada del enorme panel de salidas. Amarillo sobre negro. Montones de letras y números codificando centenares de destinos, listos para llevar. Me fascina seguir los despegues detrás de gigantescos ventanales, y acercarme a la verja perimetral de las pistas para ver la panza a los aviones justo antes de aterrizar. Trabajar en aquel aeropuerto fue un regalo, pero a Mati lo conocí a miles de pies de altura, en mi butaca de clase turista, camino al Sudeste Asiático.

Nos llevó unas tres de las siete horas de viaje entablar conversación, pero ahí ya no hubo vuelta atrás. Yo le conté que iba a trabajar, un poco a la aventura, pero que esperaba pasar en Camboya al menos un año. Mati, fotógrafo, ya conocía Asia y de hecho, repetía algún destino esta vez: “estuve en Laos y Camboya hace un par de años, pero me quedé con las ganas de Birmania”. Repetir Camboya no entraba en sus planes; especialmente, porque los cuatro días que pasó allí fueron de lo más “guiri” de aquel viaje. Me contó maravillas del continente: de la gente, la comida, los paisajes, la paradoja del viajero solitario (que siempre acaba con más batallitas que contar que cualquier grupo de amigos dicharacheros)…

Paramos en Doha y nos volvimos a encontrar en el vuelo a Bangkok. Otra paradoja: la del completo extraño al que le acabas contando media vida.  Inspirada, tal vez, por la emoción del momento, del inicio compartido de tu próxima aventura, de una extraña complicidad que ocurre a veces, cuando te sientes tan pequeño pero único en la enormidad de ese aeropuerto, y del mundo. Así que sí: intercambiamos contactos y quedamos en vernos en Camboya si cambiaban los planes, o en su pueblo de la Costa Brava algún otro día.

Camboya, Laos, Birmania... aventureros en Asia

Y fue Camboya. Laos le fascinó, pero Birmania seguía, por aquel entonces, más inaccesible de lo que esperaba, y pensó en dar una segunda oportunidad al Reino de las Maravillas. Llegó a Phnom Penh tras varios días siguiendo el Mekong, con la mochila cargada de historias y fotos, y una idea renovada del país jemer.

En mis horas de oficina, le dejé incursionando la ciudad. Y hasta de ella disfrutó, a pesar del poco atractivo que suele tener para los visitantes de paso. Es lo que tienen las ciudades caóticas: que requieren tiempo y el corazón abierto para descubrir sus encantos.

Barbero en Phnom Penh, Camboya

El día que íbamos a decidir dónde pasar el fin de semana, Mati apareció sonriente, con un nuevo corte de pelo. Cortesía de un barbero que te arreglaba el look en su salón en plena calle, por poco más de un dólar…(continuará)

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