Entretrincheras (I) : Escapada al Pirineo Catalán

Llagunes visto desde la Roca de Llagunes

Actualizado el 30 de Marzo de 2015

Balmes Blancs es un grupo de amigos aficionados a la montaña que solían organizar salidas temáticas en distintos escenarios naturales. Hoy, siguen siendo un grupo de amigos, un poco más grande tal vez, que han convertido aquella afición en su forma de vida.

Ellos fueron una de las muchas cosas buenas que me quedaron tras la redacción de mi tesina sobre ecoturismo. Les contacté por correo electrónico para que me contestaran unas preguntas sobre su viaje al Pirineo Catalán y resultó que me respondieron… con más preguntas sobre la tesina!

Después de aquel primer contacto cibernético, aún tardé un tiempo en conocerles en persona. Hasta que un buen día de otoño Marc me llamó para invitarme oficialmente a su próxima salida. Entretrinxeres, un recorrido por el frente de batalla que la Guerra Civil española llevó a las hermosas montañas del Pallars.

Así que en menos que canta un gallo alisté mi mochila, me calcé las botas de montaña y corrí al punto de encuentro, en el centro de Barcelona. Se presentaba un fin de semana memorable de historia y naturaleza, y de nuevos amigos!

 En Passeig de Gràcia el grupo se repartió en varios coches y emprendimos la ruta hacia el refugio de la Vall de Siarb, campo base de Balmes Blancs en pleno  Parque Natural del Alt Pirineu. Tras dos horas y media de viaje y un par de paradas técnicas para el avituallamiento, llegamos a la zona de La Seu d’Urgell, una de las puertas al Pirineo leridano y sede del antiguo Condado de Urgel, que formó parte de la Corona de Aragón entre los siglos VIII y XV. Esta ciudad es también sede de la Diócesis de Urgel desde el siglo IV, lo que ha aportado un rico patrimonio cultural a la ciudad a lo largo de la historia.

Cerca de La Seu d’Urgell, junto al pequeño pueblo de Adrall, tomamos la sinuosa carretera de el Port del Cantó. Se trata de uno de los puertos más conocidos del Pirineo catalán y la carretera que lo atraviesa sigue la antigua vía de comunicación entre las comarcas del Alt Urgell y el Pallars que fue muy importante en la historia ganadera de la región.

El Port del Cantó asciende a más de 1.700 metros de altura, ofreciendo así unas vistas a la cordillera del Cadí y el Port del Comte.

En el coche apostamos a adivinar cuál era la temperatura en el punto más alto antes de llegar. Marc, que ha pasado en la zona la mayor parte de sus vacaciones, jugaba con ventaja. La diferencia de temperaturas entre la cima y el pie del puerto alcanzaba casi los 10ºC aquella noche.

Llagunes terra roia
Llagunes terra roia

Llegamos al refugio con buenas ganas de cena. Llacunes, el pueblo en el que se encuentra ubicado, a penas alcanza los 20 habitantes, pero están perfectamente organizados y mantienen sus calles, la plaza y el huerto resplandecientes como el primer día (allá por el siglo XI). Es un pueblo recogido y con encanto, y de un peculiar tono rojizo a causa del sustrato geológico rico en hierro del terreno sobre el que se erige, conocido en la zona como “terra roia”.

El resto del grupo fue llegando en varios coches más mientras los primeros echábamos una mano a Laia, excelente cocinera con una deliciosa manía: preparar buenísimas mermeladas y conservas con productos orgánicos y mucho mimo. Menudos postres y desayunos nos regalamos! En la sobremesa terminamos de concretar los planes para el día siguiente y nos retiramos impacientes a las literas del dormitorio abuhardillado.

Por la mañana me despertó el olor del pan tostándose a la lumbre de la chimenea. Pan con tomate, embutidos, quesos y, por supuesto, las mermeladas de Laia fueron el mejor comienzo para la aventura que nos esperaba. Durante la mañana y parte de la tarde nos dedicaríamos a seguir los pasos de los combatientes en el frente de guerra que llegaron a la zona en abril de 1938.

Descubriendo distintos tipos de trincheras
Descubriendo distintos tipos de trincheras

Manel, historiador local especializado en las batallas de la Guerra Civil en la zona del Pallars y amigo del grupo, nos recibió en la plaza de Llagunes para la charla introductoria. Nos contó, como peculiaridad de la zona, que a pocos kilómetros de aquella plaza se encuentra Rubió: el pueblo permanentemente habitado a mayor altura sobre el nivel del mar de Catalunya.

La excursión de ese día nos llevó el resto de la mañana y parte de la tarde. Tras cruzar el río les Comes de Rubió, anduvimos por el bosque, sobre la vertiente norte de la Sierra de Freixa. Manel caminaba sin prisas y atento a las cicatrices del terreno y se detenía para mostrarnos trincheras de distintos tipos, los restos de varios polvorines abandonados o las ruinas de algunas casetas de control medio escondidas bajo la primera hojarasca de la temporada.

Durante algún tiempo de finales del siglo XX era fácil encontrar restos de cascos, latas y munición cerca de las trincheras o alrededor de los polvorines. Pero los recolectores de metales y otros coleccionistas modernos terminaron con esa parte del patrimonio histórico de la zona hace años.

Tras una hora de ascensión por la ladera llegamos al mirador de la Roca de Llagunes, un rellano en el que la roca sobresalía asomándose entre los árboles al valle y desde el cual el bando republicano había dominado el sur del Valle de Siarb. Allí, Manel trazó con un dedo la línea del frente de batalla al otro lado del valle y la dirección en la que éste fue avanzando.

El Frente llevó al Pallars una serie de intensos y prolongados combates entre las tropas republicanas y el ejército franquista. Se mantuvo prácticamente estable hasta diciembre de 1938, cuando el ejército republicano fue derrotado. Durante ese periodo todos los pueblos que cayeron en la línea del frente fueron ocupados por los militares, obligando a los lugareños a dejar sus casas y tierras. Al regresar se encontrarían con la mayoría de sus hogares arrasados, sin otra opción que comenzar una nueva vida desde cero, con la ayuda de familiares y amigos de otros pueblos.

La llegada a la cima de la Sierra de Freixa fue casi apoteósica. El bosque nos había mantenido bajo una fresca sombra durante la mayor parte del trayecto, y el cuerpo empezaba a pedirnos vitamina D. En el Turó de Sant Quir cada cual buscó su rincón y nos sentamos a almorzar con los pies ya colgando de la ladera sur, al calorcito del delicioso sol de mediodía. Aprovechamos para escuchar de Manel algunas anécdotas sobre las interacciones entre civiles y soldados de aquellos tiempos, y para preguntarle también dudas y datos históricos que nos acercaran un poco más a una realidad ya casi demasiado lejana para nosotros.

Tras de él, los picos del MontsEnt, el Monterroio, el Montroig, la Torreta o el macizo del Cadí nos regalaban un fondo de foto inmejorable para aquella primera parte de nuestra aventura histórica….Continuará

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