Couchsurfing: durmiendo en casa de un extraño

Un sofá en cada casa es sinónimo de alojamiento para viajeros en cualquier lugar. ¿Quién no posee un pequeño colchón extra, una esterilla o incluso una habitación de invitados? Esa es la ideología de couchsurfing: donde se busca conocer al viajero y apoyarle en su viaje ofreciéndole un lugar donde repostar y una cálida conversación amenizar su travesía.

Acoger al viajero venga de donde venga es abrir las puertas a nuevas experiencias y conocimientos.

Durante mis viajes por el centro de Europa en mi estancia Erasmus en Groningen (Países Bajos), me alojé en casas mediante la plataforma couchsurfing. Mi primera experiencia fue en Francia en casa de un señor llamado Olivier, que había estado en 4 de los 5 continentes, y cuyo sofá cama nos pareció el paraíso a mi amiga Vania y a mí después de 8 horas de autobús.

Nuestro host fue elegido mediante el portal de couchsurfing que funciona del mismo modo que una red social. Solo con la peculiaridad de que puedes añadir valoraciones buenas o malas sobre los hospedadores y hospedados. De esa manera, te puedes ahorrar muchas sorpresas a la hora de encontrarte con la persona que te va a alojar, ya que tú seleccionas a la persona y esta te acepta o no.

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Las primeras impresiones juegan un papel muy importante en esta selección, por eso es aconsejable pedir una comunicación previa mediante otras redes sociales, para aclarar cuáles son los requisitos del alojamiento: véase cocinar una comida de tu tierra, o concretar la hora de llegada. Una vez estás en la casa, no hay problema si lo que te ofrecen no es de tu agrado y te quieres marchar. Las puertas están abiertas, y nunca mejor dicho, tanto para ti como para el que te hospeda: para irte o para “invitarte” a salir. Parece que se pierden garantías en este caso pero estos son los inconvenientes de participar en una red colaborativa, libre, gratis y de persona a persona.

Mis otras dos estancias por centro Europa fueron en Berlín, con una chica cuyo padre era español y que se iba a ir a vivir a un huerto en Tenerife; y la otra estancia fue en Ámsterdam con una pareja de búlgaros que se habían conocido en Londres durante una vivencia muy interesante de cambios de piso y compañeros de habitación más que insoportables.

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Todas estas estancias de las que hablo las hice acompañada porque me gusta viajar acompañada. Sin embargo, la forma más común de viajar de “surfero de sofás” es bastante solitaria ya que se está más a abierto a conocer gente, buscar planes y descubrir junto a personas nuevas el lugar inhóspito para él o ella al que ha ido a parar. Por mi parte nada más, espero haber resuelto alguna duda sobre este modo de viajar y te invito a que lo pruebes ya que es muy enriquecedor. Solo tienes que coger tu mochila y “surfear”.

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