Budapest, ciudad de los balnearios

Budapest, ciudad de balnearios

Cuesta imaginar el lugar que se ha convertido en todo un símbolo de la capital de Hungría. Fiestas en aguas termales, luces de colores y la música tecno ilumina el ambiente. Los balnearios de la ciudad de Budapest son todo un símbolo de la historia reconvertido en una seña de identidad de la cultura hípster europea.

¿La última moda? Ni mucho menos. Los baños donde ahora se celebran las llamadas Magic Bath o CineTrip ya estaban en el centro de atención durante la época romana y otomana. No era el último Dj de éxito quien pinchaba, su éxito radicaba en poderes terapéuticos, pura magia. Budapest era el lugar de culto para aquellos que padecían enfermedades congénitas, traumatológicas o degenerativas, ya que sus aguas templaban su dolor y los minerales, el material que las mantiene en pie, sanaban las heridas -cuerpo y mente- de todo aquel que se cedía a sumergirse.

Ningún viajero puede resistirse al placer de nadar entre las aguas calientes, sobre todo si visita la ciudad durante el invierno con temperaturas oscilando a menos 37 grados

Década tras década, en 1934 Budapest fue proclamada Ciudad de los Balnearios. Alrededor de 70 millones de litros de agua cada día que sacian el apetito de 118 manantiales. Un placer que han disfrutado romanos, otomanos, austro-húngaros y que hoy día es apreciado por los habitantes de la ciudad, quienes le sacan su máximo partido.

¿Todos los habitantes? Excepcionalmente. No fue hasta mediados del siglo XX que pudieron comenzar a usarlo las mujeres, un placer hasta el momento sólo reservado en exclusiva para los hombres. ¿Cómo debe de ser la sensación de experimentar un paso más hacia un derecho de igualdad? Aún hoy, muchos balnearios sólo permiten la entrada “mixta” los fines de semana y durante las BathParty, entre semana es exclusivo sólo para hombres o sólo para mujeres.

Desde una partida de ajedrez hasta una fiesta de madrugada arropada por un edificio de estilo neogótico, todo es posible al calor de balnearios como el de Széchenyi de 1913

Increíble debe de ser la experiencia del MagicBath, pero más increíble, desde mi punto de vista, debe de ser la experiencia de sentir que estás disfrutando y poniendo cuerpo a remojo en el lugar del que se privó a las mujeres romanas por su condición, no así a los hombres. Lugares que fueron centro de reunión de intelectuales como el Lucacks Bath, ¡qué no se pudo debatir entre baño y baño!

Una visión distinta y del todo alternativa de la ciudad separada por el Danubio, las montañas, la planicie y su parlamento. Sumergirse en sus baños termales supone revivir la historia de Hungría, pasado y presente marcados por sus manantiales de agua.

*Ilustración de Patricia Corrales

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