Aterrizando en Finlandia: Helsinki

Estatua Alejandro II

Más allá de los tópicos

Lleno de magia y contrastes, Finlandia es uno de los cinco países nórdicos con más encanto de la zona. Conocido por auroras boreales, sol de medianoche, Santa Claus y saunas, Finlandia es mucho más. Mi experiencia en el país me permitió conocer bastantes cosas de su identidad cultural y la forma de ser de los finlandeses, más abiertos de lo que pensamos. Aquí comienza un viaje de experiencias por uno de los países más sorprendentes de Europa.

En marzo de 2012 se nos presentó la ocasión de conocer el país ya que una buena amiga estuvo de Erasmus allí. El tren sólo pasa una vez, así que no nos lo pensamos y 4 amigos y yo nos sacamos un billete de avión para aprovechar la oportunidad de viajar a Finlandia, un país al que pocos nos planteamos ir de jóvenes. 5 días, un grupo de amigos y la ilusión de descubrir un país desconocido. ¡Allá vamos!

Llegamos

Helsinki

La primera parada fue Helsinki. Llegamos de madrugada por lo que decidimos hacer noche en Helsinki-Vantaa, el aeropuerto de la capital finlandesa para levantarnos pronto y aprovechar el día. Nuestra experiencia durmiendo allí fue muy buena.

No tuvimos ningún problema y además había mucha gente como nosotros por lo que si no queréis gastaros dinero en dormir en algún albergue u hotel los aeropuertos son una opción que también está ahí.

Por muy poco dinero pudimos guardar las maletas en las taquillas del aeropuerto para evitar los agobios del equipaje y así ver la ciudad tranquilamente.

Cómo sólo teníamos unas horas no pudimos ver la ciudad completa, pero nos cundió y disfrutamos a tope de una de las ciudades con más arquitectura y cultura de Europa. Desde el aeropuerto la conexión con Helsinki es excepcional, por lo que en aproximadamente media hora y por unos 6 euros llegamos a la capital finlandesa sin problemas en autobús.

Descubriendo Helsinki

Estación Rautatieasema

Nada más llegar nos llamó la atención la estación de ferrocarril Rautatieasema, considerada la creación más significativa dentro del estilo romántico nacional y ¡el edificio más visitado de toda Finlandia! El diseño es muy original, con dos grandes estatuas a cada lado de la puerta principal que sostienen unas lámparas esféricas que por la noche se iluminan…una pena no poder verlo.

 La “torre del reloj” también es considerada seña de identidad de una estación por la que pasan ¡más de 200.000 personas cada día!

Además de tiendas, restaurantes y las cosas típicas de las estaciones, en el interior de Rautatieasema podréis encontrar casi con certeza alguna exposición gratuita.

Dulces finlandeses

Muy cerca de la estación nos encontramos la plaza Rautatientori que alberga dos símbolos de la cultura tradicional finesa. El teatro nacional de Finlandia y la estatua de Aleksis Kivi, escritor nacional finlandés, presiden una plaza que nosotros disfrutamos ¡con mucha nieve! Antes de seguir con nuestro recorrido a contrarreloj y después de pasar por un montón de pastelerías nos dimos un capricho muy dulce. Helsinki destaca entre otras muchas cosas por sus dulces y pasteles y como no nos queríamos irnos de allí sin probar algo típico compramos un pastelito en una de las pastelerías que vimos. De frutas, mantequilla, rellenos y de todas las formas y sabores que os podáis imaginar por entre 2 a 4 euros podéis tomar un dulce muy rico.

Cargamos pilas y…¡seguimos!

Catedral Helsinki

Sin duda una de las cosas que más me llamó la atención de la ciudad fue la Plaza del Senado, Senaatintori en finés, no sólo por su extensión sino por ser escenario de conciertos, exposiciones y eventos variados.

Mires a donde mires la plaza está llena de edificios y monumentos significativos como la biblioteca, la estatua de Alejandro II o la Universidad de Helsinki. Aunque sin duda, lo que más destaca es la Catedral luterana de Helsinki, Tuomiokirkko, en el extremo norte de la plaza.

Impresionante tanto por dentro como por fuera, 47 escalones separan la Catedral de Helsinki de la plaza. Esta catedral es símbolo de la ciudad, y merece la pena ver sus grandes columnas y su inmaculado color blanco que impresiona de lejos y de cerca.

Puerto Helsinki

Después de visitar esta maravilla arquitectónica nos dirigimos hacia el puerto de Helsinki, que parecía una pista de hielo gigante de lo congelado que estaba. El puerto se extiende por gran parte de la ciudad, así que en este momento del recorrido sólo vimos una parte. Los barcos aparecían entre el hielo regalándonos unas imágenes que parecían de cuento. Nos recorrimos la zona y aprovechamos para caminar por el paseo marítimo con restaurantes típicos de corte marinero (con anclas y hélices de gran tamaño en sus paredes) y un puente lleno de candados al más puro estilo romano.

Catedral Ortodoxa Uspensky

Ciudad de catedrales, Helsinki cuenta también con una catedral ortodoxa, Uspensky, ubicada muy cerca del puerto. Esta es la catedral ortodoxa más grande de Europa Occidental y su arquitectura me recordó a la Catedral de San Basilio en Moscú. Aquí no tuve la oportunidad de entrar, pero por fuera es impresionante y merece la pena detenerse a verla.

El sprint final

Precisamente enfrente de esta catedral y al otro lado del puerto se encuentra uno de mis lugares preferidos de la ciudad, la Plaza del Mercado, Kauppatori. Fan declarada de los mercadillos, el que ponen en esta plaza es de los más variados que he visto en mis viajes.

Artesanía, productos típicos, souvenirs, gorros para combatir el frío y sobre todo cosas propias del país como pieles, pescado, conservas como paté de reno (riquísimo) o salmón ahumado hacen de este mercadillo el sitio ideal para comprar recuerdos a muy buen precio.

Muchas de las cosas las puedes probar ya que los propios dueños de los puestos te las ofrecen. Nosotros compramos allí varios recuerdos y aparte de ser muy barato es todo artesanal, así que si tenéis tiempo pasaros porque tienen verdaderas maravillas. Junto a la plaza del mercado se encuentra el edificio del Ayuntamiento, de estilo neoclásico y muy peculiar por el color de su fachada, azul pastel. Situado en Esplanadii, la calle principal del casco histórico de la ciudad, el edificio del ayuntamiento preside la zona del puerto.

Edificio del Ayuntamiento

Tras este recorrido de infarto por la ciudad, comimos algo rápido de camino a la estación y sobre las 5 de la tarde volvimos al aeropuerto para recoger nuestras maletas y alquilar un coche para dirigirnos a otra ciudad finesa que os descubriré en el próximo capítulo.

¡Hasta pronto!

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